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Tuesday, 12 November 2013

...cuerdas

- "No lo olvides: eres mía."

Sus palabras resuenan aún junto al eco de esa canción que os ensordecía a las 23:46 exactas, preciso instante que duró un suspiro y cuatro latidos retumbando en tus orejas. Momento en el cual supiste que ya no había vuelta atrás, soplo de tiempo en el cual sentiste pánico, terror, espanto y ganas de salir corriendo: eres suya, estás en sus brazos y entrelazada en las mil cuerdas de este juego de dulce tortura que te captiva tanto como te espanta.
 
...pero sabes tan bien como él que en esa brizna de espacio no sentiste más terror de lo que te regozaste en serenidad, valentía y... sí, tranquilidad. Juego de dulce ternura, incluso.
 
Eres suya, te regodeas en sus pensamientos y eres la primera en su lista de deseos. No sientes peligro sobre su cuerda floja, y sus ataduras no son más que un juego. Un juego que ambos conocéis pero él controla, dejándote a merced de su idea de a quién le toca ganar; nunca revelando resultados hasta el final, pero recordándote a cada instante dónde estás y quién eres; de quién eres y por qué.
 
No te deja escapar de ti misma, y se hunde en cada fibra de tu ser, a la vez que tú hundes tus uñas en su espalda y los dientes en su cuello, tratando de plasmar tus mil y una cicatrices en el lienzo que es su piel. No hay semejanzas que contar entre vosotros, y a la vez no imaginas a nadie más simétrico. No existen desarrollos más perfectos a esos proyectos aún en progreso de los cuales te rodeas a cada paso.
 
Sus palabras resuenan en cada hebra, cada fiamento, cada brizna de lo que eres, creando ese eco a cuyo son ya no haces más que bailar, pensando en la ironía de dejarte enjaular cuando en ningún momento has dejado de volar.

Monday, 1 July 2013

...despertar

Despierto. Remoloneo y me giro: me niego a abrir los ojos. Te das cuenta y me abrazas más fuerte, besándome de esa forma que sólo tú sabes, y diciendo en una única caricia más de lo que nadie se ha atrevido a decirme jamás… y suena sincero. Recorres mi espina dorsal con las yemas de los dedos y un escalofrío bate el récord de 100 metros lisos por mi espalda. Cómo puedes tener este efecto en mi ?
 
Mantengo los ojos cerrados. Sonrío ; rezando a dioses y destinos que este momento no acabe. Implorando que tus expediciones por mi cuerpo no cesen. No esta mañana, no nunca. Quiero olvidar en qué tiempo vivimos, y hacer de tus brazos mi mundo. Quiero que tu piel sea mi abrigo, y que tus susurros me hagan de escudo. Déjame quedarme, aunque sólo sea por hoy. Déjame olvidar quién soy, quiénes somos y por qué estamos aquí. Déjame perderme en ti unas horas más.
 
Finalmente abro los ojos, te miro, y me devoras con la mirada. No sé tu nombre, y dudo que tú sepas el mío. No me importa, y a tí menos aún. Me siento cómoda a tu lado. Mientras recorro los surcos de tu pecho me tiras más cerca de ti, obligándome a mirarte a los ojos. Cada fibra de mí se sonroja y derrite en una sonrisa, me pierdo en el calor que desprendes, haciéndome pequeña y sintiéndome frágil pero protegida a tu lado. Aún sigo sin entender por qué estoy aquí, contigo, pero me da igual. Estoy aquí, contigo. 
 
...y me abrazas. Es lo único que me importa. Es lo único que debería importar... Pero esto es únicamente la calma antes de la tormenta, y minuto a minuto, segundo a segundo, paso a paso y caricia a caricia recuerdo qué hacemos aquí, cómo hemos llegado y quién eres. Intento ignorarlo pero no puedo. Te beso más fuerte y te abrazo hasta que duele. Me pierdes.
 
Instante a instante, hora a hora, beso a beso y susurro a susurro recuerdo qué he hecho aquí, cómo he llegado y peor aún: recuerdo quién soy.